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BASADO EN LAS EXPERIENCIAS QUE HE TENIDOCON NIÑOS Y NIÑA
ENTRE LOS 0 A 6 AÑOS.
Iniciare
este ensayo partiendo de la idea estudiada en la unidad dos del módulo
uno, página veinte del curso de Factores
asociados a la calidad y el aprendizaje de la primera infancia, donde cita que: “La estimulación condiciona variaciones
en el desarrollo, y que la afectividad es un factor sumamente importante e
imprescindible para el buen equilibrio
del desarrollo infantil, pues las relaciones precarias con los adultos
responsables, dígase; padres, abuelos o maestros, repercuten negativamente”
Después
de lo anteriormente citado, y con el conocimiento adquirido mediante los
presenciales de este curso, cabe mencionar que el desarrollo de cada infante
está influenciado por la cultura del grupo humano al que pertenece y por la
cultura de su familia, y que además el factor socioeconómico influye también y
puede determinar el tipo y calidad de estimulación que recibe, pues según
muchas investigaciones y teorías, tales como las de Jean Piaget y Lev Vygotsky,
señalan que el niño construye sus conocimientos y estructuras mentales en el
intercambio con el medio y que tanto lo orgánico como lo social se alimentan y
progresan recíprocamente.
Después
de haber argumentado sobre el factor cultural y socioeconómico, como un factor
de riesgo en el desarrollo de los menores, me permito plasmar mi experiencia
con mi querida “Karla Susana Martínez”, ella fue mi alumna hace dos años, era
una niña hermosa como toda niña, hablaba poco pues era tímida, igual que su
madre; doña Ilda, pero cuando me tomaba un tiempo para platicar con ella,
teníamos conversaciones muy importantes, ella me contaba, como sus hermanos
salían a pescar y de cómo el dueño del agua, los asusto una vez, además le
gustaba hablar de su hermanito, el más pequeño que se llama Adán, como jugaban
y que en ocasiones ayudaba a su mamá a hacer tortillas, no hablaba de su padre
pues no vivía con ellos.
Karla
Susana, proviene de una familia humilde, con pocas relaciones sociales con el
resto de vecinos de la comunidad, normalmente no asisten a las actividades de
la escuela, ni a las reuniones de padres de familia, sin embargo Karla, era una
niña que inspiraba ternura y en la escuela los niños y niñas la querían y
ayudaban, porque ella, pocas veces hacia la tarea, aun cuando el material fuera
muy sencillo, y a la hora de recreo no compraba, por lo tanto yo siempre estaba
al pendiente de que fuera la primera en tomar la refacción escolar y si algunos
de sus compañeros no quería tomar la suya, Karla con gran alegría lo hacía por
él.
Después
de pasados los primeros meses de clases Karla me conto que su mamá iba a tener
un bebe y aunque pareciera que no tenía porque, la niña empezó a demostrar
alteración en su desarrollo, pues ahora hacía menos las tareas, y si antes era
tímida ahora se notaba triste, e incluso agresiva con sus compañeros y eso
según la propuesta psicosocial de Erikson, que hace referencia a que los niños
necesitan obtener equilibrio en sí mismo, Karla no lo estaba logrando pues
ahora en lugar de ser una niña aplicada, como lo señala Erikson en su teoría,
ahora sufría de síndrome de inferioridad.
Logre
detectar que la situación socioeconómica de Karla se convertía en un factor de
riesgo cuando empezó a reflejarlo en su condición física, pues sus ojos se
tornaron tristes, el cabello se le debilito y su cuerpo se enflaqueció más, la
conducta de la niña era negativa, ya no quería platicar ni participar en las
actividades del aula.
Para
informarme de lo que pasaba, decidí realizar una visita a la casa de Karla,
entonces me entere que la mamá había dado a luz y que debido a que su actividad
principal de sostenimiento económico era hacer tortillas y que al no poder
dejar solo al bebé, no salía a trabajar a las tortillerías del pueblo, estaban
pasando muchas penas económicas, los hijos mayores, recogían algunas hiervas y
maíz que algunos conocidos les regalaban y con eso la iban pasando.
Debido
a que una de las funciones fundamentales del educador infantil es la creación
de un ambiente afectivo y seguro en el aula, capaz de fomentar el crecimiento
de sí mismo y de cada niño, planee algunas estrategias para ayudar a la familia
y en consecuencia a Karla, entonces realice una reunión con las madres de familia para dar una charla sobre Nutrición, después de
esto les plantee la situación de Karla y su familia y les pedí que me
sugirieran ideas sobre cómo ayudarla.
Algunas
madres ofrecieron regalarles víveres, otros ropa y pañales, pero fue una
solución temporal, entonces comente la situación con mis compañeros docentes y
ellos me propusieron que preguntara
quienes en la comunidad pagaban para que les hicieran las tortillas o que les
lavaran la ropa, y entonces pedirles que apoyaran a doña Irma, permitiéndole
que ella lo haga ya que de esa manera generaría ingresos y no dejaría solo a su
bebe.
La
iniciativa fue exitosa, pues los hermanos mayores de Karla, recogían el maíz de
una señora, lo llevaban al molino y la madre hacía las tortillas, además le
ayudaban a hacer entregas de ropa que lavaba e incluso algunas veces también
planchaba.
Después
de todo este proceso comprendí que Karla no hacía las tareas porque no tenía
ayuda de su madre, y que según Brunner, era su andamiaje en casa para resolver
problemas mediante el apoyo de una persona adulta, pues ahora que contaba con
estimulación y apoyo en la casa y la escuela, era una niña alegre, con
facilidad de asimilar conocimientos y con un buen desarrollo físico, emocional
y social.
Concluyo
este trabajo, recordando a otras
educadoras del nivel que la relación entre quien aprende y quien enseña, es
fundamental, pero que nuestra labor va más allá de las paredes de nuestras
aulas, que debemos realizar la función de facilitadoras, estimuladoras y
orientadoras, pero que demos hacerlas compartidas entre los adultos del
ambiente familiar y escolar.
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